viernes, 19 de agosto de 2011
Cuadrando planes
Nuestro segundo día en Trondheim, hemos cambiado la visita turística, por poner un poco de orden en el resto del viaje. Esta noche cogeremos un tren nocturno hacia Bodo, y el día 21 a las 8 am un vuelo en Tomso, dirección Oslo. Entre medias, tenemos 3 días para conocer las Islas Lofoten, y recorrer muchos kilómetros, aún no sabemos en qué medio de transporte. Hemos tomado como"Cuartel General" el McDonald, por ofrecernos comida a precio razonable y, lo que es más importante, wi-fi gratis. Desde ahí, hemos realizado múltiples incursiones a la cabina telefónica, la oficina de turismo, y la tiendas de alquiler de coches. Nuestro viaje está menos cerrado según nos acercamos al círculo polar, y parece que no va a ser fácil organizarlo desde aquí a menos de un día de partir. Casi 4 horas nos ha llevado tener un plan claro de cómo llegar, alojamiento y una idea aproximada de como salir. Esperemos que no fallen el plan A y el plan B...
Lo que ha sobrado de la tarde, antes de la salida de nuestro tren, lo hemos dedicado a pasear de nuevos la ciudad, esta vez yendo solo a los sitios que nos atrajeron más ayer. Hemos vuelto a la catedral y al barrio antiguo, de casas de madera. Haciendo lo que es un exceso en este viaje, nos hemos metido en una terraza a tomar una cerveza (exceso, porque dos rondas nos ha costado lo mismo que dormir una noche). Después de tantas horas metidos en un McDonald, nos merecíamos algo en condiciones, y hemos tenido suerte. La terraza, que era agradable, se completaba con un bar bien decorado, y un pasillo largo, que lleva a otra sala, en la que se sirven cervezas en una biblioteca, sobre la mesa de una maquina de escribir, o un escritorio de 70 años atrás. Por la ventana, se ve el río, con otra pequeña terraza. No hemos encontrado este sitio en ninguna guía, pero merecería estarlo. Por si pasáis por Trondheim, buscad el Antikvarietat, y decid que vais de nuestra parte.
En la estación, nos esperaba la anécdota del día. Al intentar abrir nuestra consigna con todos nuestros macutos, el código no funcionaba. ¡Y a las 23 h, iba a ser difícil encontrar a alguien de la empresa! Tras varios intentos infructuosos, y la ayuda de otro pasajero, hemos llamado al móvil de emergencia, y mágicamente ha aparecido un señor por la escalera hablando por teléfono (con nosotros), que nos ha abierto. "no se pueden poner cosas más allá de la línea roja, si no, no cierra bien", nos ha dicho, señalando una línea sepultada por macutos, bolsas,...
El tren no está mal, los sillones son amplios, y nos han dejado mantas, antifaz y tapones para dormir. Y tendremos que sacarles partido, porque mañana espera el principio del fin de nuestro viaje: las Islas Lofoten.
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Las Lofoten, joder que envidia, sacar muchas fotos por allí, yo me quedé con ganas de ir... algún día volveré con Martina.
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